jueves, 19 de marzo de 2015

Dans un café - Edgar Degas




Decía Paul Valéry que "observar es en gran medida, imaginar lo que se espera ver". Este mismo pensamiento lo podemos aplicar en general a la obra de Edgar Degas y pienso que no estaremos diciendo nada que no se ajuste a la realidad. Mirar un cuadro de Degas es rebuscar en él algún indicio que pueda alterar la aparente calma de la composición que vemos e imaginar lo que ha pasado y lo que puede pasar. Degas, nos muestra esos tres momentos, pasado, presente y futuro plasmados en ese único instante dejando volar nuestra imaginación para adivinar lo que pasó y lo que se avecina. Si, por ejemplo, contemplamos su obra  "Bailarinas en la barra", (ver) la visión de una misteriosa regadera colocada en el suelo, en un lateral del cuadro, nos incomoda y no podemos evitar el pensar quien la colocó ahí o si alguna de las bailarinas acabará tropezando con ella. Igual sensación se nos produce visitando su "La lección de danza", (ver), en la que una mujer mal sentada, espatarrada, y tocada con un aparatoso sombrero, lee un periódico en medio  de las bailarinas que ensayan. ¿Quién será esa mujer? nos preguntaremos, ¿será la madre de alguna de las niñas?, ¿porque está ahí en medio? Muchas son las preguntas que nos hacemos cuando examinamos la obra de Degas y varias son las que podríamos hacernos observando el cuadro que hoy traemos al blog, "Dans un café" (En el cafe) más conocido por "L’Absinthe" (La absenta).

Se ha contado muchas veces, cuando se habla de este cuadro, que Degas lo pintó en "La Nouvelle Athènes", un cafe situado en la Place Pigalle de París y lugar de reunión de pintores, músicos y escritores emigrados todos ellos del café Guerbois pero, se sabe que Degas, nada aficionado a la pintura "a plein-air", pintó este cuadro en su estudio aunque no sin antes realizar varios de sus apuntes en dicho café. 

Para la interpretación de la escena, totalmente teatral, representada en este lienzo, Degas eligió a dos personajes también relacionados en cierto modo con el mundo del teatro, una futura actriz llamada Ellen Andrée y un amigo de Degas, el pintor, grabador y dramaturgo frustrado, Marcellin Desboutin

Cuando Degas decide pintar "L'Absinthe", Andrée tenía 17 años recién cumplidos e intentaba ya hacerse un hueco en el mundo de la farándula parisina relacionándose con escritores e intelectuales a través de sus visitas al café "La Nouvelle Athenes" lo cual la había convertido en foco de atracción de muchos de los pintores que por allí pasaban habiendo trabajado ya, por esas fechas, como modelo de Manet en su famoso cuadro "La Parisienne". Con esos favorables antecedentes Degas la elegiría para representar el papel de la mujer que aparece sentada en la mesa del cafe, con la mirada perdida en ninguna parte y una copa de absenta delante de ella. Sentado a su lado, Marcellin Desboutin, interpreta el papel de un hombre con un aspecto algo desastrado, indiferente a esa mujer con la que no sabemos si mantiene algún tipo de relación o por el contrario ella es solamente una cliente más de ese solitario cafe que intenta compartir mesa y asiento con él.

El cuadro, a primera vista, no dice gran cosa, no destaca por su colorido y da la sensación de no estar terminado, de que faltan por rematar ciertos detalles como por ejemplo el vestido de Ellen y sus brazos, muy difuminados y escondidos debajo de esas mesas que dan la impresión de levitar y que no parecen tener ambas la misma anchura. También el encaje de la pareja está totalmente descentrado hasta el punto de que hasta la pipa de Desboutin desaparece de la vista del espectador, aspecto este muy usado por Degas en el encaje de sus escenas pictóricas. Sin embargo, una mirada más detenida hace que la curiosidad nos invada impidiéndonos apartar la vista del cuadro y comenzamos a plantearnos una serie de interrogantes que aumentan contra más lo observamos.

Que pretende comunicarnos Degas con esta escena. ¿Es una crítica a la ingesta del alcohol, del consumo de la absenta por parte de las mujeres? ¿Es una escena del mundo de la prostitución urbana? ¿Es un alegato sobre la soledad que afecta al habitante de las grandes ciudades? Cualquier respuesta que demos será válida o no pero, es evidente que acabaremos diseccionando el cuadro y examinando todo lo que en él nos resulta chocante. Por ejemplo: Degas sitúa la botella de agua que forma parte de la consumición de Ellen en la mesa de al lado. Esto nos daría una pista acerca de que Ellen estaba unos momentos antes sentada en esa mesa y poco a poco se ha ido corriendo hasta situarse al lado de Desboutin cuya copa (una tisana?, un vino dulce?) se encuentra descolocada con respecto al personaje debido a la invasión de su mesa por Ellen. La botella de agua vacía también nos indicaría que la absenta que Ellen bebe, no debe ser la primera que se toma pues esta fuerte bebida se preparaba vertiendo el agua fría contenida en esas botellas sobre la absenta de la copa y a través de una cucharilla ranurada que contenía un terrón de azúcar. 

De esta forma, podríamos aventurar que la mujer es seguramente una prostituta, tal vez una alcohólica, una prisionera de la absenta deslizándose entre blancas mesas de mármol intentando captar a ese cliente indiferente, no muy decidido al canje y que solo medita, tal vez, acerca de la soledad o el aburrimiento. 

Con nuestro razonamiento ya le hemos hecho el juego a Degas y ha conseguido lo que se proponía, que su obra nos ensimismase, nos capturase y que no nos dejase marchar sin haberla descompuesto milimétricamente. Todavía podríamos hablar de esa mesa vacía con ese periódico en el que figura la firma de Degas, sujeto con esa varilla tan típica propia de los antiguos cafés, del pirógeno, ese pequeño cuenco con sus cerillas para uso del fumador invisible y de las sombras, de esas sombras que se reflejan en ese espejo situado a sus espaldas y que parece ir cerrando la salida a Desboutin convirtiéndolo también en otro prisionero de "La Nouvelle Athenes".

Este cuadro se expuso en la exhibición celebrada el 30 de marzo de 1876 en la galería Paul Durand-Ruel en la Rue Le Peletier de París. La pintura fue mostrada bajo el título de "Dans un café", el mismo con el que figura en la actualidad en el Musée d’Orsay, París donde puede contemplarse.

A raíz de la exposición Degas tuvo que declarar públicamente y con el fin de salvaguardar el honor de Ellen y Desboutin que ninguno de los dos era un bebedor de absenta pues la propia Ellen se había llegado a enfadar con Degas por el hecho de que le hubiera colocado a ella la copa con la absenta -  "la fée verte" - mientras Desboutin parecía tomar un simple té o café  

Una obra maestra con derecho a imaginar, como toda la obra de Edgar Degas.

7 comentarios:

  1. Impresionante la disección que haces de este cuadro de Degas , me ha encantado. Si habré visto veces este cuadro y nunca le había prestado atención a las mesas de al lado y que arroja mucha luz a la historia de los dos personajes centrales del cuadro y es factible que la secuencia de los hecho fuera como tú has contado..
    Particularmente pienso que Degás quiso reflejar la soledad de ese mundo. No cabe duda que el pintor dejaba incógnitas que resolver en cada uno de sus cuadros.
    Un placer leerte, aunque sea a estas horas de la noche.

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  2. No sabemos cuál fue la intención de Degas, quizás la desgana de la joven reflejaba la del pintor. Si me fijo bien, veo que las chanclas de ella, parece una zapatilla japonesa, son incongruentes con el resto de la escena. ¿Y ese cuchillo en primer plano, con la firma del pintor, sobre una bandeja? Podríamos construir una buena trama con la escena y la expresión de los personajes. Me quedo con tu explicación y añado que Degas y su modelo ensimismada, eran la misma persona, de ahí que hubiera un espejo detrás que mostraba dos informes sombras.

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  3. Muchas veces también me he preguntado que intención tenía Degas en esta obra que nos quería presentar, yo siempre he visto a ella muy aburrida y ausente y a él dejando pasar el tiempo y cogiendo lo mejor del día.
    Muy buenas explicaciones, un abrazo.

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  4. Puestos a pensar me inclino por la interpretación de que es una mujer sola, producto de la sociedad de su tiempo, una prostituta de los bajos fondos hundida en el alcoholismo. Pues esa visión y no otra es la que cuadra para la época. ¿Una mujer sola en un café? Ni pensarlo. No, más allá de que formase parte del mundo oscuro de la noche y que se clasificaba de la misma forma por una sociedad pacata por el día y desenfrenada por la noche.
    Un saludo

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  5. Sencillamente ilustrativo lo publicado, me gusta.
    Un saludo.

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  6. Este cuadro es muy conocido y sin embargo leyéndole uno lo contempla como si lo viera de nuevo. Nos lo descubre como si fuera otro cuadro. Excelente.
    Un abrazo.

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  7. Es uno de mis cuadros preferidos y Degás uno de los pintores que siempre me hace sentir tantas cosas. Sobre todo me admira su dominio del color y el pastel.
    Yo me decanto por la soledad, cuando miras el cuadro se siente la inmensa soledad de los dos personajes, que ni siquiera juntos pueden deshacerse de esa profunda soledad.

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