domingo, 13 de marzo de 2011

El bufón Don Sebastián de Morra - Diego Velázquez


Los bufones fueron personajes que debido a sus habilidades y a sus características físicas o mentales con algún grado de deficiencia o minusvalía que los hacía más llamativos, nutrieron las cortes para distracción o compañia de reyes y cortesanos. En España, fue con los Austrias donde alcanzarían su máximo apogeo abundando entre estos bufones los enanos, los hidrocefálicos, los cretinos y también algunos sin ningún tipo de tara congénita, desapareciendo de las cortes palaciegas con la llegada del primero de  los Borbones. 

Sebastián de Morra formó parte de aquel numeroso grupo de individuos con esta denominación que circulaban por la corte de Felipe IV y entre los que se encontraban personajes cuyas identidades nos han llegado gracias a los retratos de muchos de ellos a los que pintó Velázquez como pintor de la corte que era.

Este personaje, un acondroplásico pero dotado de una inteligencia normal, había servido al Cardenal Infante don Fernando de Austria - hijo de Felipe III - durante su estancia en Flandes y a la muerte de este en 1641 regresó a España entrando al servicio del príncipe Baltasar Carlos, en la corte de Felipe IV, con el que permanecería hasta la muerte del príncipe en 1646. Al parecer, este le tuvo un gran cariño y respeto habiéndole dado el tratamiento de "don" y colocado un criado para su servicio. Se sabe también que en su testamento le legó su excelente equipo de caza a la que era muy aficionado.

Velázquez le retrata sentado en el suelo, con sus piernas estiradas y los puños cerrados y con una expresión en el rostro entre melancólica y grave pero dotada de una gran elegancia así como una profundidad en la mirada que consigue magnificar al personaje frente a su pobreza física. La indumentaria que viste, consistente en un traje de paño verde con cuello y puños de encaje de Flandes y una ropilla púrpura con galones de oro sobre los hombros dan idea de su alta condición ya que estos eran ropajes más propios de un príncipe que de un simple servidor.

Su mundo estuvo al lado del de los otros enanos y bufones que conocemos a través de Velázquez como fueron Nicolasito Pertusato, enano que aparece junto a la también enana María Bárbara de Asquin (Maribárbola) en el cuadro de "Las Meninas", el cretino Francisco Lezcano (El niño de Vallecas), Pablo de Valladolid, Juan Calabazas ( Calabacillas), un hidrocéfalo al que retrataría en dos ocasiones y Diego de Acedo, otro enano de inteligencia normal, funcionario de palacio y encargado de la estampilla con la firma del rey y al que se conocería como "El Primo".

A todos ellos los pintó Velázquez con una gran dignidad y sin ánimo de ridiculizarles, dejándolos retratados para la posteridad como parte que fueron de aquel mundo palaciego de Felipe IV.

Don Sebastián de Morra murió en 1649, cinco años después de pintado este retrato, el cual, se puede contemplar en el Museo Nacional del Prado, Madrid.

2 comentarios:

  1. Decía Ramón Gaya que Velázquez tenía una mirada transparente... Se me quedó grabado eso.

    Saludos

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  2. Una expresión lúcida la del murciano Ramón Gaya.

    Es verdad que su mirada era transparente como el agua, agua de la que bebieron todos, realistas, impresionistas, simbolistas, expresionistas...

    Saludos.

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