domingo, 2 de enero de 2011

Eugenia Martínez Vallejo (La monstrua vestida) - Juan Carreño de Miranda


Cuando Eugenia tenía seis años, sus padres decidieron que dado el aspecto monstruoso que su hija iba tomando lo mejor sería presentarla al Rey Carlos II sabedores de lo aficionados que eran los Austrias a rodearse de enanos, bufones y tarados.

El rey quedó impresionado con Eugenia y la hizo retratar, tanto vestida como desnuda, por Carreño, su pintor de cámara.

A las fiestas que se hacían en palacio, la hacían venir para que distrajera a la corte juntándola con los enanos Macarelli, Michol y Nicolasito y otros bufones que por el Alcázar andaban.

La rumorología se extendió por Madrid acerca de la monstruosidad de Eugenia y el cronista de la época Juan Cabezas llegó a escribir de ella que: "La cabeza, rostro y cuello y demás facciones suyas son del tamaño de dos cabezas de hombre, su vientre es tan descomunal como el de la mayor mujer del mundo a punto de parir. Los muslos son en tan gran manera gruesos y poblados de carnes que se confunden y hacen imperceptible a la vista su naturaleza vergonzosa. Las piernas son poco menos que el muslo de un hombre, tan llenas de roscas ellas y los muslos caen unos sobre otros, con pasmosa monstruosidad y aunque los pies son a proporción del edificio de carne que sustentan, pues son casi como los de un hombre, sin embargo se mueve y anda con trabajo, por lo desmesurado de la grandeza de su cuerpo".

Pobre Eugenia.

Antonio Saura, denominó con la expresión "la mirada cruel" la representación española de lo monstruoso a lo largo de nuestra historia.

Yo creo que Carreño no la pintó con crueldad, solo pintó una niña gordita y seguramente enferma. Para Eugenia, con solo seis años, la vida y aquella Corte si que fueron realmente crueles con ella.

Este cuadro pintado hacia  1680 se exhibe en el Museo Nacional del Prado, Madrid.

3 comentarios:

  1. Pobre Eugenia, en menudo cuadro le tocó estar encerrada...
    No puedo ni imaginar el dolor de verse reflejada como un monstruo en la mirada de las personas que, supuestamente, tendrían que protegerla, cuidarla, arroparla...
    Me vuelvo a mi cuadro, ha sido un placer alojarme en tu blog todo este rato.
    Volveré
    Buenas noches.

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  2. Agradecido por tu visita y tus comentarios. Vuelve cuando quieras.Como en el cuento de Caperucita, la puerta no está cerrada por dentro.

    Saludos.

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  3. ¿No se sabe nada más sobre qué pasó con la pobre Eugenia?¿Fué tratada como a un bufón toda su vida? Pobrecita, seguro que era una buena persona. Es horrible que se juzgue a las personas por su apariencia y no por su forma de ser.

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